Xabi Alonso solo duró 217 días al mando del Real Madrid
Su proceso estuvo marcado por polémicas con los jugadores.
La etapa de Xabi Alonso como técnico del Real Madrid ha durado 217 días. Del 9 de junio de 2025, que dirigió su primer entrenamiento, previo a un Mundial de Clubes que no deseaba dirigir al considerar que no era su plantilla la heredada de Carlo Ancelotti, al 11 de enero de 2026 de la derrota en la final de la Supercopa de España ante el Barcelona.
La apuesta del Real Madrid por el técnico que tomaba el relevo al más laureado de la historia del club, Carlo Ancelotti, ha durado siete meses. Xabi Alonso, elegido por todas las cualidades mostradas en su exitosa etapa en el Bayer Leverkusen, no ha logrado inculcar su libro de estilo en un equipo que ha ido involucionando desde su estreno.
Del cambio de identidad que propuso en un Mundial de Clubes que encontró las semifinales como techo y el primer varapalo con el nuevo técnico, una goleada del PSG (4-0), sin oposición y con una gran distancia con el vigente campeón de Europa, a la derrota ante el Barcelona en la final de la Supercopa, Xabi ha hecho un ejercicio de supervivencia.
Las lesiones, hasta 26, especialmente en una defensa tan reforzada en verano como castigada con bajas de importancia. Las cualidades de unos jugadores que no se han adaptado a sus sistemas. La imposibilidad de llevar a cabo la presión alta por la falta de compromiso defensivo, el 'rock and roll' que prometió definiendo el robo tras pérdida en campo contrario y la verticalidad que deseaba. Aspectos que han ido cambiando el libreto de Xabi Alonso.
El Mundial de Clubes, el primer desencuentro
Elegido para suceder a Ancelotti, cuando se decidió el fin de la segunda etapa del italiano y firmó como seleccionador de Brasil, el Mundial de Clubes fue el primer desencuentro. La idea de Xabi Alonso, que el 17 de mayo dirigía su último partido en el Bayer Leverkusen, no era tomar las riendas del equipo madridista hasta la nueva temporada.
No tuvo opción. El Real Madrid no quería un técnico interino en un torneo al que el presidente, Florentino Pérez, daba mucha importancia. El elegido debía iniciar su etapa heredando la plantilla de Ancelotti, a la que retocó con canteranos y una apuesta clara desde su llegada. Necesitaba un 9 y lo tenía en la cantera: Gonzalo García.
Es uno de los pocos jugadores, pese a su poco protagonismo posterior a acabar como máximo goleador del Mundial de Clubes, que ha mejorado con Xabi a los mandos. Su salto al primer equipo ha funcionado y en cuanto ha tenido continuidad, firmó su primer triplete, ante el Betis, y marcó en el clásico de la final de la Supercopa. No se puede decir lo mismo del resto de integrantes de la primera plantilla madridista. Las paradas salvadoras de Thibaut Courtois y los goles de Kylian Mbappé han sostenido más partidos al tolosarra con un ultimátum sobre la mesa.
El derbi del Metropolitano y el desencuentro con Vinícius
Enterrado un Mundial de Clubes del que Xabi siempre se negó a contabilizar en su balance en el cargo, que cerró con un estreno decepcionante, empatando ante Al-Hilal, cuatro triunfos esperanzadores (Pachuca, Salzburgo, Juventus y Borussia Dortmund), hasta la derrota como bofetada de realidad del PSG, siete triunfos consecutivos en el arranque del nuevo curso parecían poner unas bases sólidas.
Todo se desplomó en el Metropolitano, el día que su equipo perdió la identidad y dejó de competir en uno de los duelos señalados de cada temporada. El 5-2 recibido sembró la duda sobre las decisiones de Xabi Alonso y su manera de dirigir al equipo. Se convirtieron en el 'mal de los días grandes' cuando en la tercera cita de altos vuelos, en Anfield, el conjunto madridista también caía derrotado. Un 1-0 que no reflejó la realidad, con exhibición de Courtois para evitar una nueva goleada.
Era el momento más débil de Xabi Alonso en el vestuario. Dos partidos antes se había producido un momento que marcaría su corta etapa como técnico madridista. Vinícius, al que siempre demandó mayor implicación defensiva y había dejado en el banquillo sin rotación, como en Oviedo, estalló ante el cambio en el clásico que ganaba el Real Madrid en el Santiago Bernabéu ante su eterno rival mermado por las bajas.
Los aspavientos del brasileño, lo que dijo camino del vestuario y una reacción desmedida a ojos del madridismo en un día feliz, encontró una reacción de Xabi que le hizo perder autoridad. Miró hacia otro lado en el momento y no tomó ninguna represalia después. No hubo castigo al jugador, charlas delante de los compañeros, ni suplencias. Desde entonces fue indiscutible y el entrenador optó por dar prioridad al bien del grupo que al personal.
Todo se torció definitivamente tras Anfield. Tres empates seguidos en LaLiga, ante equipos de otras batallas como Rayo, Elche y Girona, dilapidaban la ventaja sobre el Barcelona y se convertía en desventaja. Los brotes verdes de San Mamés quedaban en nada en una derrota en el Bernabéu que recuperó la impotencia, 0-2 ante el Celta de Vigo. Sin embargo, la afición madridista nunca apuntó a Xabi Alonso y silbó a los jugadores.
Lo enlazaba con otro golpe de realidad ante un grande, el Manchester City, el 1-2, dos derrotas consecutivas que dejaban a Xabi Alonso en la cuerda floja de forma definitiva. La plaga de lesiones provocaba que se barajase el regreso de Niko Mihic como supervisor, que se hacía realidad en enero. La preocupación por el estado físico ponía en escena a Pintus, ganador de un puñado de Liga de Campeones y apartado del primer equipo con el cambio de cuerpo técnico. Su vuelta no la aceptó Alonso. El pulso ya estaba echado.
Del ultimátum de Vitoria al planteamiento del clásico de la Supercopa
En ese ambiente llegaba la primera 'final' para Xabi Alonso. El 14 de diciembre, en Mendizorroza. Encontró el respaldo de su vestuario, el apoyo de los jugadores con Kylian Mbappé a la cabeza que forzaba con fuertes molestias en la rodilla izquierda, que acabaron convirtiéndose en un esguince que le impidió estar en plenitud en la Supercopa de España. Ausente en semifinales y con apenas un cuarto de hora en la final.
No desaparecía el sufrimiento en Mendizorroza (1-2), pero el triunfo sostuvo a Xabi Alonso. Tampoco, pese a la diferencia de categoría, en Copa del Rey ante el Talavera, de Primera RFEF. Otra victoria apurada (2-3), antes de dos triunfos en el Bernabéu, contra Sevilla y Betis, que aseguraban la Supercopa al de Tolosa.
Solamente el título habría extendido la etapa de Xabi Alonso. La victoria sin alma de semifinales, admitiendo incluso Fede Valverde haber sido inferiores al Atlético de Madrid, y el planteamiento defensivo del clásico, terminaron de provocar la decisión de la directiva. La ausencia de un patrón de juego, el bajo rendimiento de gran parte de la plantilla, la preparación física, las lesiones y la dinámica del equipo han sido claves para el relevo en el banquillo tras apenas 217 días.
EFE